banner-blancobanner-blanco

Viaje a Madrid del alumnado de 2º de Bachillerato

En uno de los pasajes más perturbadores de 1984, la célebre novela de George Orwell, Winston Smith es interrogado en el Ministerio del Amor. Su verdugo, O’Brien, levanta cuatro dedos y le pregunta cuántos ve. Winston responde con la serenidad de lo evidente: cuatro. Pero el interrogador insiste en que, si el Partido lo decide, pueden ser cinco. Lo que está en juego no es una simple respuesta ni una cuestión aritmética: es algo más profundo y más inquietante, la posibilidad de que el poder llegue a imponerse incluso sobre la verdad más elemental.

Tal vez por eso resulta significativo que, casi sin buscarlo, nuestros alumnos de 2º de Bachillerato y participantes en el programa Escuelas Embajadoras, descubrieran durante el viaje cultural que tuvo lugar los días 4 y 5 de marzo, cómo la matemática y la filosofía se rozan en un territorio común: ese lugar donde se decide qué significa comprender el mundo y hasta qué punto estamos dispuestos a defender lo evidente.

La primera parada nos llevó a la UNED de Calatayud, donde visitamos el Museo Itinerante de Matemáticas de Aragón. Allí, entre juegos, enigmas, demostraciones visuales, puzles, puentes tambaleantes y parabólicas furtivas los embajadores junior pudieron comprobar que las matemáticas no son únicamente una colección de fórmulas alineadas en una pizarra. Son también una forma de construir realidades. Cada problema planteado, cada reto aparentemente sencillo, abría una pequeña grieta por la que asomaba la lógica: ese lenguaje silencioso que no depende de la opinión, ni de la autoridad, ni de la imposición. En matemáticas, dos y dos son cuatro.

En Madrid asistimos a la representación teatral de 1984 en el Teatro Fernán Gómez, bajo la plaza de Colón. Allí, en ese espacio íntimo donde el teatro sucede a los pies del espectador, se desplegaba ante nosotros un mundo inquietante: un universo vigilado donde el lenguaje se manipula, la memoria se reescribe y el pensamiento mismo se convierte en objeto de sospecha. En esa distopía, el poder no solo aspira a gobernar las acciones de los ciudadanos; aspira también a gobernar la realidad. Y entonces aparece la consigna que resume su dominio: si el Partido lo decide, dos y dos pueden ser cinco.

Orwell nos recuerda que cuando la verdad se somete al poder, incluso lo que parece indiscutible puede ponerse en duda. Y quizá por eso la obra sigue hablándonos hoy con una claridad inquietante. En esta sociedad de vigilancia e información, catalizada por la velocidad con que circulan las palabras y por la facilidad con que a veces se confunden los hechos con las opiniones, la pregunta que plantea 1984 sigue flotando sobre nosotros: ¿quién decide qué es verdad?

Al día siguiente, el viaje continuó en el Parque Europa, un espacio que reúne réplicas de algunos de los monumentos más emblemáticos del continente. Pasear entre ellos fue para nuestros embajadores junior una oportunidad de recorrer, una vez más de manera simbólica, la historia y la diversidad cultural de Europa: sus lenguas, sus ciudades, sus tradiciones y, sobre todo, los valores que sostienen el proyecto común europeo. Para nuestros embajadores junior, aquella caminata entre monumentos fue también una forma concreta de acercarse a ese sentimiento europeo que tantas veces se menciona de forma abstracta.

Agradecemos al Programa Escuelas Embajadoras, a los Departamentos de Matemáticas y Filosofía, y a los profesores Carlos Carbonell, Flavia Allo y Mariano Sanjuán su implicación para que este viaje siga adelante. Porque mientras mantengamos viva la voluntad de pensar, seguirá habitando entre nosotros esa sencilla claridad que nos recuerda que dos y dos son cuatro frente a aquellos que pretendan convencernos de que fueron, son y siempre serán cinco.