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Cine y Filosofía

En una de tus cartas me has hablado muy por extenso de las letras, las ciencias y las artes que en el Occidente se cultivan. Me vas a tener por un bárbaro cuando te diga que no sé si las utilidades que de ellas se sacan, resarcen a los hombres del continuo abuso que de estos conocimientos hacen.

MONTESQUIEU

El viernes 11 de abril ha sido un gran día para los alumnos de Ética y Filosofía de 4º de ESO porque han podido disfrutar de la aclamada película El Pianista (2002) en el Cine 7 Infantes de Logroño. El principal objetivo de esta actividad ha sido profundizar en el conocimiento de la Shoah (Holocausto).

Y es que al ser humano le pesa una carga: la Shoah. Le pesa porque no fue algo entre alemanes y judíos, fue algo que hicieron seres humanos como nosotros, seres humanos que podríamos haber sido nosotros. Los trenes, los campos, las cámaras de gas, los hornos, están ligados a nuestra esencia, marcan un antes y un después en la historia. Éste es el símbolo de la injusticia, del sufrimiento, de la barbarie; un símbolo producto de nuestra especie. Genocidios e intentos de los ganadores por borrar todo rastro de sus enemigos vencidos hay muchos a lo largo del camino que la humanidad ha recorrido, pero no hay precedentes de la Shoah. Hasta ahora es un suceso único, inigualable e incomparable por su monstruosidad. No podemos hacer un paréntesis y pensar que lo que ocurrió en Alemania fue algo puntual, de un loco que encontró a una masa crispada con el pasado; fue, en cambio, el resultado del ser humano y de su progreso material. Por ello la memoria es un deber. No debemos olvidar. No podemos permitir que aquel pasado vuelva a repetirse.

Hitler ha impuesto a los hombres en estado de no-libertad un nuevo imperativo categórico: el de orientar su pensamiento y su acción de tal modo que Auschwitz no se repita, que no vuelva a suceder nada parecido. (ADORNO, Theodor)

El horror no debe ser olvidado. Ha sucedido en un mundo semejante al nuestro y puede volver a suceder. Experimentos, como el de Milgram en 1963 y sus distintas variaciones, demuestran en un porcentaje bastante importante la tendencia humana a obedecer de forma acrítica la autoridad. Por eso, debemos grabárnoslo en el corazón. Debemos guiarnos por el imperativo categórico de Adorno. Que Auschwitz no se vuelva a repetir, y no se refiere exclusivamente al modelo nazi, sino a patrones semejantes. Obliguémonos a mantener los ojos alerta, a vigilar, a sospechar y a denunciar. A tocar la campana al avistar el peligro, a avisar. A tener un amplio sentido crítico. Confiamos en que los alumnos de Ética y Filosofía sean los centinelas de este futuro tan incierto que se cierne sobre nuestra civilización.